Reconstruir después de la infidelidad (Parte 1)

Una infidelidad puede sentirse como el derrumbe total de una casa: se quiebran la confianza, la seguridad y los proyectos compartidos. El primer paso no es reconstruir de inmediato, sino aceptar el dolor y reconocer lo perdido. Mirar de frente lo ocurrido abre la posibilidad real de un nuevo comienzo.

El arte de amargar tu matrimonio (Parte III)

Continuamos con mas ideas sobre El arte de amargar tu matrimonio…
Desde negar infidelidades con pruebas en la cara, hasta negarte rotundamente a cambiar —porque, claro, tú «siempre has sido así»—, este artículo te entrega las mejores (o peores) estrategias para que el amor se desgaste, la distancia crezca y la frustración florezca.
Incluye tips infalibles como no pedir perdón jamás, manejar el dinero como si vivieras solo y contestar “te amo” con una anécdota de tu infancia emocionalmente reprimida.
Si lo tuyo es sabotear lentamente tu relación, no te pierdas esta guía práctica.
(Si prefieres construir vínculos sanos… también te puede servir, pero como advertencia.)

Amar es ¿nunca tener que pedir perdón?

Ps. Mabel Guillén. Mg. en terapia familiar sistémica.  Terapeuta sexual y de pareja En la novela “Love Story”, Erich Segal escribió “Amar es nunca tener que pedir perdón”. Esto implicaría que una persona que ama, tiene tanto cuidado en sus actos y palabras que NUNCA hace nada para ofender ni dañar al ser amado. Pensar en una […]

Quiero volver con mi ex…

Sin tropezar de nuevo con la misma piedra Ps. Mabel Guillén, Mg. en terapia familiar. Terapeuta sexual y de pareja No siempre el tiempo borra totalmente los sentimientos. Con frecuencia, parejas separadas por meses o incluso años, desean reintentar reescribir una historia que comenzó tiempo atrás, y que por distintos motivos se detuvo. Muchos han construido […]

Reflejos que duelen: el dolor de los padres ante el daño causado

Un encuentro doloroso entre generaciones heridas Ps. Mabel Guillén. Mg. Terapia familiar sistémica. Terapeuta de pareja Tenía lo que necesitaba. Pero nunca sentí que alguien me mirara de verdad. Siempre estaban ocupados, discutiendo, trabajando… yo aprendí a no molestar. — Marcelo, 48 años Recuerdo que no podía entender por qué me pegaba con la correa […]