Reflejos que duelen: el dolor de los padres ante el daño causado

Durante décadas, muchas prácticas de crianza violentas se normalizaron bajo la premisa de que “era por amor”, “para disciplinarte”, porque “hay que enderezar el árbol torcido”. Sin embargo, lo que para la generación pasada «fue corrección», a la gran mayoría de las hijas e hijos les significó miedo, confusión y vergüenza.

Las heridas no son visibles a simple vista, pero son vividas en la dificultad para confiar, para expresar las emociones con libertad, en la autoexigencia extrema, en el miedo a fallar.